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Religión y fueros

 

Por Raúl Moreno Wonchee.

México, D. F., 14 de julio de 2007.- El discurso religioso ha venido ganando terreno en la política mexicana. De los gestos y exabruptos de Fox y Abascal hemos pasado al uso de la doctrina cristiana como argumento y astucia del gobierno. Nada de crucifijos bajo cuerda ni comuniones ostentosas ni presidente arrodillado besando en el anillo papal. El secretario de Gobernación ya no se anda santiguando como futbolista ni repartiendo bendiciones a diestra y siniestra en nombre de Dios y hasta del suyo propio. Don Felipe, en cambio, va con más cuidado buscando la efectividad por encima del exhibicionismo farisaico. Por desgracia para el Presidente Calderón, por más discreto que quiera ser, la materia misma de sus santas intenciones hace que por abajo de su investidura republicana asome su vestidura talar.

Ahí su gusto por sermonear, por echar sermones no tanto para convencer como para reprender. O más precisamente, para reprender en nombre de Dios y que el convencimiento venga por añadidura. Su amenaza de someter a los niños a pruebas antidoping en las escuelas es una barbaridad que sólo puede ocurrírsele a alguien que trae el pecado en su genoma y la culpa a flor de piel. Catolicismo medieval que hace del pecado la condición humana por lo que todos, pero principalmente los niños, deben ser tratados como sospechosos. La rúbrica de rigor: es por su bien.

 Antes había manifestado su amor por la vida, lo que sea que esto signifique, postulando que al fuego eterno al que irremediablemente están condenadas las mujeres que abortan, debe agregarse el castigo penal, al estilo de la santa inquisición. Luego mandó al ombdusman a demandar ante la Suprema Corte la inconstitucionalidad de la reforma que despenalizó el aborto en el DF, con lo que además de hacer añicos la autonomía de la CNDH, emplazó a los titulares de la Corte a escoger entre su ministerio republicano y su reconversión en ministros del derecho divino, porque la demanda presentada por Soberanes y asegundada por el procurador contiene únicamente criterios religiosos y ni uno solo de carácter jurídico o científico. La intención evidente es hacer de la religión el fundamento de la vida pública, lo que trastocaría las bases de la convivencia pacífica y respetuosa.

La semana pasada, el Presidente Calderón abandonó una vez más el discurso laico pero en esa ocasión con una astucia retorcida: acudió a sus lecturas infantiles del catecismo del padre Ripalda para reprender en el nombre de Dios a los del dinero y que por añadidura se convencieran de que les conviene la reforma fiscal propuesta por su gobierno. Ante la cristiana indignación de los ricachones porque la Contribución Empresarial a Tasa Unica les impediría eludir impuestos mediante el noble ejercicio de la filantropía, el Presidente Calderón los reprendió advirtiéndoles que las virtudes teologales sólo las confiere Dios a quienes cumplen con las virtudes cardinales; que la fe, la esperanza y la caridad no tienen sentido sin la prudencia, la templanza, la fortaleza y la justicia. Que la filantropía no alcanza para combatir la desigualdad y los conminó a aceptar la CETU porque es la oportunidad, esta sí la última, para burlar, no evadir ni eludir, burlar una verdadera reforma hacendaria con pleno sentido constitucional, es decir que las contribuciones sean equitativas y proporcionales, haciendo del ISR un impuesto efectivo, moderno, progresivo que en vez del 4.7 por ciento del PIB represente, no como en Noruega el 20.5 o en España el 17, sino al menos el 14.7 de Brasil.

Pero los grandes empresarios mexicanos persisten en el noble empeño de conservar sus fueros fiscales sin entender que la oferta del gobierno busca protegerlos mediante un impuesto (casi) impermeable a los chanchullos pero uniforme, regresivo y repercutible del que no se escapen los regímenes especiales pero tampoco los alimentos ni las medicinas. “Flat tax”, impuesto plano que no parejo, que trata igual a los desiguales y falta al principio constitucional de la equidad contributiva pero que algo, no mucho, ha de recaudar.

El Presidente Calderón le ha encomendado su reforma a Dios cuyos representantes, vicarios y burócratas ya se aprestan a cobrar su diezmo en especie: clases de religión en las escuelas públicas, libertad política en el púlpito y que los sacerdotes puedan ser electos a puestos de representación política. Que el catecismo anule a la biología, la física y la historia, que la grilla acabe con la eucaristía y que el clero obtenga su registro como partido político.

   

Comentarios a mi correo electrónico: wonchee_r@hotmail.com