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Ante indiferencia, lucha y autoesfuerzo en
el campo.
Por Víctor Manuel Barceló R.
Villahermosa, Tabasco, 11 de mayo de 2008.- Las nuevas formas de acción
hacia el campo mexicano, inauguradas hace cuatro lustros, nada tienen que
ver con requerimientos reales de pobladores de areas rurales. Ya se repite
–hasta el cansancio- como fueron desmanteladas todas las piezas de la
infraestructura, para apuntalar la producción campesina, su distribución y
venta, en condiciones subsidiadas. Estas –CONASUPO, LICONSA, BANRURAL y
otras- permitieron construir una economía rural, enrutada al crecimiento
económico y al desarrollo social.
Hoy se vive en el campo, con programas paternalistas, insuficientes en
montos y objetivos. Estos están muy alejados de lo que necesitan los
campesinos, para quedarse y no dejar abandonadas o rentadas sus tierras,
mientras cruzan las fronteras, buscando, desesperadamente y a costa de sus
vidas, el pan de cada día.
Dichos programas son, también, empeños clientelares, de los gobiernos en
turno, para “comprar” votos y conciencias, con mendrugos, que todo mundo
sabe que no van a solucionar nada, en concreto, para el urgente impulso de
la vida economica campesina. Este enorme desperdicio de recursos, incita
malestares generalizados entre los que alguna vez vivieron de la producción,
en sus parcelas.
El campo y sus habitantes están a dos fuegos: el abandono oficial, que solo
ofrece paliativos y la presión de la delincuencia organizada, que les abre
un horizonte económico, plagado de peligros, pero que a muchos les atrae,
por la facilidad en la consecusión de recursos. Esta perspectiva, no solo
destruye familias, sino que afecta sus valores, lastima su dignidad, corroe
su autoestima –proverbiales hasta hace unos lustros- sin que en las
determinaciones para combatir la delincuencia, se consideren propuestas
productivas.
Frente a esta circunstancia, de alta gravedad, no solo debe manejarse la
negociación –a veces muy tirante- con el poder federal y los locales, para
construir proyectos de alta productividad económica y social. Si esperamos
una respuesta contundente, puede llegar, antes, la reacción social, a
extremos no deseables. Por ello esforcémonos y sin bajar la guardia,
acudamos a conformar proyectos sociales –ejidatarios. comuneros y pequeños
propietarios, juntos- apuntalados por los pocos extensionistas que aún
laboran, así como por universidades del campo y su personal docente y de
apoyo, buscando actividades que logren productividad regional, con altos
índices de eficiencia.
En el fondo lo que urge es cambiar el modelo neoliberal que actualmente se
apllica al campo. Este permite altos niveles de utilidad, para productores
que poseen –o alquilan- extensiones importantes de tierra y cuentan con
recursos para la tecnología de punta. Así obtienen una producción apetecible
para los mercados internacionales. Estos son los que hacen ver en
crecimiento los recursos obtenidos por las rutas del TLC. Pero son para unos
cuantos, frente a millones que se mueren de hambre, o “huyen” de la miseria
galopante, allende el Bravo.
Necesitamos estrategias que recuperen y pongan en práctica el esfuerzo
propio, para superar la etapa tan grave que actualmente se vive. Estos
caminos, no son tan inéditos como muchos consideran. Fueron sustento del
crecimiento agroindustrial de los países hoy ricos, que después cayeron en
los subsidios, cuando el campo no pudo continuar competitivo, por si solo.
Entonces, recomendaron una cosa, a través de sus organizaciones
multilaterales (Banco Mundial y FMI) e hicieron lo contrario, como lo
muestra el Dr. Stiglitz.
Hemos señalado a la educación, como factor detonante del crecimiento con
desarrollo sustentable. Vayamos a esa ruta y alejemos a nuestra gente de la
abulia y desazón en que ahora vive. Mantengamos nuestras posturas
beligerantes, hasta que el Estado reaccione, pero conformemos nuestros
propios proyectos, echando mano de “expertos”, que aún hay, con buena fe y
esperanza en el porvenir del campo nacional.
Existen muchos enemigos externos del desarrollo sustentable en el campo.
Para enfrentarlos y vencerlos, debemos recuperar la confianza en nosotros
mismos. Ya trabajamos un proyecto de ese tipo para el sureste del país.
Llevamos muchos años, primero con la idea, después con la conformación del
proyecto productivo, en paralelo con negociaciones, ante entidades
multilaterales de Naciones Unidas, para convertirle en un proyecto “para el
bien de la humanidad”. Se busca que habra puertas para incorporar, a sus
fases productiva, de distribución y comercialización, la esencia social que
conforme pueblos con todos los servicios que requieran, para vivir en
condiciones de decoro y bienestar, producto de la aplicación eficiente de su
trabajo.
El proyecto Yucalcol, a que nos hemos referido en otras oportunidades, está
en vísperas de aterrizar en Tabasco. Al concretarse, dará un gran respiro a
estas tierras, azotadas por la naturaleza. Ésta, bien considerada, sera
factor definitivo para que podamos poner a producir la tierra, eliminando
contaminantes que tanto le han afectado; llevando hasta su máximo uso sus
bienes, tanto para producir ethanol de yuca, como para lograr los
subproductos resultantes. Estos son: para la alimentación del ganado; como
fertilizante orgánico, digno de mantener y aún mejorar las condiciones de la
tierra. Ojalá sea un camino, tanto para retener el éxodo, como para que las
autoridades, de los tres órdenes de gobierno, coadyuben, con lo que tengan
–sobre todo sus buenos deseos y facilidades- al éxito de este esfuerzo
social. |
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